Cuerpo de la presentación
No todos los límites se dicen en voz alta. Algunos los sentimos, los habitamos y sostenemos sin palabras.
Pones un límite, cuando decides no explicar tanto y sólo accionar en beneficio de ti mismo(a).
Cuando eliges cuidar de tu energía, aunque eso implique irte antes de lugares y relaciones.
Cuando dejas de insistir y estar donde no hay reciprocidad.
Cuando decides no compartir todo lo que sientes o piensas, porque no todos deben tener acceso a tu mundo interno.
Cuando el silencio ya no es por miedo a hablar, sino por libertad de elegir cuándo hacerlo.